October 28, 2009

Hace ya un par de días, llegó a mis manos un texto llamado El hombre muerto y cuyo autor no podría ser otro más que Horacio Quiroga.
Debo confesar que desde que leí la segunda línea del cuento quedé idiotizada, cada palabra que leía provocaba en mi una sensación bastante extraña. Todo lo que en ese cuento se dice sobre la muerte me agradó.
El tema del cuento no es la muerte, sino el camino hacia la muerte. Es que ese sentido de la estética un tanto macabro que tiene el texto me vuelve loca, me apasiona, me gusta. Es un tema "oscuro", es un hombre que se está muriendo y que analiza su muerte desde distintos tipos de narradores y distintos estilos de narración.
Supongo que me enamoré de este sencillo cuento por lo distinto que es a los demás, porque trata la muerte de forma tan humana, tan cercana... pero a la vez como un hecho muy lejano y muy amargo. Será que me gustó esa línea un tanto melancólica con la que narra los últimos segundos de un hombre y que a mi me pareció una eternidad.

Aplaudo a las personas que se atreven a escribir y a hablar de la muerte en este sentido (y confieso que al decir esto me siento un tanto malvada, tal como un niño que sabe que hace una travesura) porque como el mismo Borges dijo alguna vez: La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.

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Muerte. Qué palabra más extraña, que palabra más curiosa, que palabra más odiosa y macabra al mismo tiempo. Tiene un sentido siniestro que nos recuerda siempre un vacío de alguien que ya no está entre los que creemos estar vivos, entre los "mortales".
Me pregunto si habrá algo que frene la lúgubre visita. Pero reconozco que aunque hubiese algo, de nada me serviría saber... supongo que siento curiosidad por aquel instante en que nuestro último suspiro se vuelve eterno.
Ahora bien, no soy una demente que quisiera morir en este mismo instante, así que por favor... no te tomes tan en serio este asunto mi querida muerte.

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