March 19, 2009

Era tarde ya cuando aquel hombre entró a la bodega de “Don Lolito”. Venía dispuesto a dejar todo en aquella mesa… su sueldo, su dignidad, su vida.
Quería olvidar, sólo de eso se trataba. Ni su esposa ni su hijo ocupaban lugar en su mente.
No sabía bien que quería olvidar, pero tenía un deseo irresistible por doblegar la realidad -aunque fuese por unos cuantos segundos-.
El hombrecito partió bebiendo un vaso de vino (algo simple para comenzar) y al pasar media hora, ya llevaba seis. Consumiase en cada vaso un poco más de su apellido. Todos lo conocían en Camilo Olavarría, su lugar de residencia, su lugar de trabajo y más, jamás pensó en el daño que su acto causaría más tarde.
¿Para qué molestarte 40 años de tu vida en construir una reputación, si en 30 segundo minutos puedes destruir eso y mucho más?

- ¡Así con la vida! ¿o no Carlitos?
Decía nuestro hombre en cuestión.
Carlos, quien había estado allí desde que abrieron las puertas, respondió que sí y acto seguido se echó en la mesa sin otras explicación que el alcohol. El hombrecito o Remi, como solían llamarlo sus amigos, seguía embriagándose sin prestar atención a la hora, estaba hipnotizado viendo un partido de football, miraba la televisión de la esquina superior como si nada más existiera en el mundo. El lugar se puede describir con simples calificativos: paredes gastadas por el tiempo, una luz que poco o nada alumbra, un largo y manchado mesón, sillas desparramadas por todos lados. Siempre hay hombres en la puerta y no falta aquel perrito callejero que duerme en el portón.

Recuerdo que ese día, el lugar estaba repleto, a los hombres el football les idiotiza… no se puede tratar con ellos en esos momentos porque sólo responden con monosílabos o con gestos estúpidos que para cualquier mujer son ininteligibles.
Me atrevería a decir que Remi nunca fue uno de esos hombres que viven y mueren por el jueguito ese. Nunca le importó tanto éste deporte por lo que me atrevería a decir que había algo más que lo impulsaba a ver el partido… quizás una apuesta, tal vez sólo le dio la gana en aquel momento.
Es que nunca se sabe lo que pasa por la cabeza de Remi, alguna vez quise describirlo, quise caracterizarlo pero no pude. Sólo concluí diciendo que tenía un muy buen gusto para vestirse y hasta el día de hoy, cualquier persona que lo conoce podría decir lo mismo.

Volviendo al mesón donde Remi estaba sentado, ya podemos decir que se había desocupado un poco el lugar, hasta Carlos recuperó algo de conciencia y se marchó a su hogar.
La noche pasó sin más contratiempos, un pelea, un vaso que alguien quebró, historias superficiales de amores y desamores y el sonido de la radio que nunca para de sonar.
Remi, quien se había dormido por unos segundos, despertó asustado por la voz de alguien que entró a comprar cigarros…
-otro que llena sus pulmones de nicotina, no saben que hacer para morirse antes- pensó con mucha dificultad el hombre del que les he hablado.
Entre la resaca y otras cosas, Remi logró mirar su reloj y pudo por fin saber que hora era. No estaba oscuro, había gente transitando, era sábado por la mañana… ya nada lo detenía en la bodega. Con un esfuerzo descomunal logró pararse de la silla y arrastrar sus pies hasta la calle; cada paso que daba era un nuevo escalón al abismo del fracaso, sabía que tarde o temprano su esposa lo iba ver en ese estado, sabía que tarde o temprano iba a rendir cuentas.
Pero era distinto, ya no tenía miedo a las represalias de sus actos, por primera vez tenía su objetivo muy claro… ya no era el mismo de siempre, desde hoy sería un nuevo hombre, desde hoy… sería simplemente lo que nunca lo dejaron ser.

0 comentarios: